Mientras mamá no está

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Es una noche tranquila y silenciosa. Ella se encuentra sentada leyendo un libro en la biblioteca dentro de su casa. No escucha nada más que el pasar de las hojas del libro entre sus dedos. La luz es tenue y su sombra se refleja en la pared como un espectro que la acecha. Muy concentrada en su lectura, se deja atrapar por la historia que tiene frente a sus ojos. Ella quiere saber en qué terminará la persecución de un acechador a la protagonista. Su ansiedad al leer cada palabra crece cada vez más. Cuando de repente, la puerta de la estancia se abre de golpe.

Se trata de su pequeño hijo de ocho años que entra a pedirle prestado su teléfono celular para jugar. Ella se lo presta como de costumbre. Su hijo, se sienta en uno de los sillones con el teléfono. Mientras ella, retoma su lectura. Pasa un buen rato, cuando ella se levanta para tomar algo. La noche sigue sin mucha sorpresa. Prende la luz de la cocina y observa por la ventana, la oscuridad le da formas misteriosas a los arbustos, parecen seres que la observan desde allá afuera. Ese pensamiento repentino, le da un poco de escalofrío.

Se prepara un café para entrar en calor ya que, comienza a sentir un frío penetrante. Generándole una sensación extraña. Cuanto termina, se dirige de nuevo a la biblioteca para ver a su hijo. Que ahora, se encuentra dormido.

Ella se acerca a él y toma cuidadosamente el teléfono de sus manos para no despertarlo. Lo revisa para ver que todo esté en orden. Sin embargo, algunas cosas han cambiado. Las aplicaciones están en otro lugar o eliminadas y el protector de pantalla ha sido cambiado por una nueva imagen. Todo eso, es extraño. Su hijo no suele hacer nada más que jugar. Sigue revisando el teléfono, mira la galería de fotografías. Su dedo, desliza las imágenes lentamente al ver la sorpresa en ellas. Son fotografías de su hijo dormido y tomadas minutos antes. Un miedo, se ha apoderado de ella y más aún, con la última fotografía. En ésta, se ve claramente su hijo dormido en la parte de atrás con una extraña mujer con rostro desfigurado tomando la selfie. Se le heló la sangre con solo verla y el teléfono cae de sus manos.

De repente, un libro cae al suelo y ella instintivamente voltea a mirar para buscar la procedencia del ruido. Queda petrificada al ver a la mujer o lo que parece serlo, allí en pie observándola. Tiene el cabello largo, negro y enmarañado. Viste un vestido amarillento raído como si lo llevara por mucho tiempo consigo. Al verla, su cuerpo no responde a ningún movimiento, el miedo se ha apoderado de ella y no puede escapar. La misteriosa mujer la observa con maldad y sin darle chance de un grito, agarra su cuello y la sume en una eterna oscuridad.



Diana Cristina García Gallego (Rionegro, Antioquia. 1992) Profesional en
comunicación y lenguajes audiovisuales de la Universidad de Medellín. Amante de todas las expresiones artísticas que permiten que el alma haga su catarsis.

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