En mitad del conticinio

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Un conjunto de escritos que pretenden acercar o en su defecto, alejar a quien los lea, de una realidad que está latente, de una realidad que nos abruma y nos retumba en los oídos, o que se pasea dando saltitos en frente de nosotros, que nos desafía y nos invita a tomar un bolígrafo y escribir. A escribir lo que nos perturba, pero también lo que nos divierte. Nos sugiere un desdoblamiento a partir de unas letras vivas.


La Etiqueta
¿Quién soy?
Soy el invisible,
Soy el fracasado,
Soy el que no hace,
Soy el que no ha podido esto,
Soy el que no ha podido aquello,
Soy el incapaz
Soy el que sabe,
Soy el que no produce,
Soy el que no sirve,
Soy el que no encaja,
Entonces ¿Soy de colección?
Entonces… Soy Ninguno.
Soy, el que no es.

I

Cómo hacerle saber, que me ha hecho un ser ansioso, que cuento las horas para sentir esa quimera arder en mis entrañas, para escuchar el ulular del aire que me recorre, para observar la bocanada de humo que producen sus labios al llevar a cabo ese procesos que me devuelve a la vida… Cómo hacerle saber, que yo también me distraigo con esas volutas grisáceas y azuladas, con la embriaguez de ese olor singular que nos adormece a ambos y nos sume en una quietud sumisa.

Con el índice en los labios

¡Desafío al Silencio!
No sé si hablar,
No sé si reír
Y romper a carcajadas
Su burbuja hermética.
Él,
Se impone,
Se impone en este cuarto oscuro
Y me obliga a pasear los ojos
De esquina a esquina,
A través de la negrura de este espacio.
Se agudizan mis sentidos,
Y… ni siento, ni miro… Sólo escucho
Pero lo que escucho,
No es más que la derrota.
¡Ah!
¡Has vuelto a vencer indiferente Gandul!

Un canto al principio

Observaba los murmullos del mundo,
Escuchaba los movimientos de la vida,
Y sintiendo un tintineo en mis venas,
Tuve que bailar en medio del Maelström
Para contener la náusea que se avecinaba,
Escalando con su caterva por mi garganta.
Pude sentir los dardos que me lanzaban,
Clavando un sabor amargo en la salida de mis palabras…
Desde entonces, heme aquí, desde la tranquilidad del silencio y el caos.

Zozobra

Que desesperante Tic Tac,
Me hallo pues marchando junto a los segundos.
Mientras el siniestro segundero
Me abofetea sin parar.

Mi canica

Fue una mañana, sí,
Fue una mañana,
Que buscando entre mis pertenencias,
Cayó sin ser pedida,
La canica aquella.
¡Ah! La recuerdo bien.
Aquella canica,
Dotada de un diseño propio,
Parecía verse en ella,
El ojo de un reptil.
De un verde profundo permeado de texturas,
Su pupila alargada y negra,
Parece estar mirándome,
Y salpicada de detalles amarillos, me atrapa,
Y se congela el tiempo.
Observando aquella figura extraña,
Viajé hacia el pasado,
Me vi correteando años atrás,
Junto a otros niños,
Planeando estrategias,
Escudriñando desde que ubicación

Hacer un disparo perfecto con los dedos,
Cada quien apostándole a su canica más preciada.
¡Ah! Tiempos aquellos,
Tan tranquilos,
De tantos juegos…
De tantas sonrisas despreocupadas.
Ahora,
Ahora debo seguir,
Alcanzar el tiempo que no espera,
La recojo,
La empuño fuerte,
Y la guardo,
En un rincón de mi memoria,
En un rincón de mi corazón.

Podredumbre

Y con arcadas,
Y un ardor que me agujereaba hasta los huesos;
En un inodoro sucio y viejo,
Me desintoxiqué de sus trampas.
Y eso,
Eso también fue amor.

Pinceladas

Y hasta aquel Monte
Escaló el triste pintor,
Para no olvidar ningún detalle.
De esa,
La única estrella que quedaba.

Maryu Sánchez, Desde Pereira, retratando con letras en trozos de papel las observaciones de alguien a través de una ventana.

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